¿Qué pasa en el cerebro de los niños mientras juegan? Infografía

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  • El ser niño solamente pasa una vez en la vida y dura, comparado con la etapa adulta, muy poquito. Los niños son diferentes en tantos aspectos a los adultos, tienen mucho que enseñarnos así como también mucho que aprender. Como padres buscamos las mejores actividades, mejores maestros, mejores escuelas, mejores libros, en fin buscamos lo mejor de lo mejor para el aprendizaje de nuestros chiquitos. Sin embargo, a veces olvidamos que aunque todas estas actividades tienen su respectivo lugar y son importantes, los niños aprenden jugando. Su pequeño cerebro está “activado” por así decir de tal forma que jugando cementa todo lo aprendido durante el día, es por eso que es importante darles un tiempo para jugar sin estructura.

    En esta cultura de estar a las carreras y ser eficientes, el jugar puede parecer una pérdida de tiempo, pero para un niño hay pocas cosas que lo ayuden tanto a su desarrollo intelectual y emocional como jugar sanamente. Esto se debe a que cuando los niños juegan su cerebro está trabajando para entender causa y efecto, las reglas de la naturaleza, las reglas sociales (jugar con otros niños), desarrollan capacidades físicas, aprende–con tiempo–a perder de buena manera, desarrollan su imaginación que es esencial para el desarrollo total de su cerebro, y si juegan con los papás desarrollan lazos de amor y recuerdos inolvidables al mismo tiempo que desenvuelven un sano intelecto emocional.

    Por estas y muchas más razones se recomienda que una vez al día los niños puedan jugar libremente, ya sea solos o en compañía de otros niños y/o padres. Hay un delicado balance entre actividades extracurriculares y la sana actividad de jugar libremente. Si te has dado cuenta que tus hijos se encuentran tan ocupados con tantas actividades que no juegan libremente, es tiempo de dejar una actividad para permitir esta otra tan beneficial. Un horario que permite a los niños jugar es el ideal no solamente para ellos sino para nosotros como padres también. Esto es porque a pesar de que ya no somos niños los beneficios de jugar siguen aplicando a nosotros. El jugar tiene el poder de sanar heridas emocionales. Como adultos podemos aprender de nuestros pequeños y recordar como jugábamos cuando teníamos su edad.

    Estudio tras estudio confirman que una actividad común en familias que gozan de bajo estrés, es la acción de jugar aunque sea un poco diariamente. El jugar suplanta el estrés que sentimos y nos llena de “oxitocina” la hormona que nos ayuda a sentirnos relajados, y llenos de amor y ternura. Aprendamos de nuestros pequeños de la misma forma que ellos aprenden de nosotros, y qué mejor forma de aprender que jugando, simplemente jugando.

Denhi Chaney

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